Matrona, mujer y madre.
El camino que me ha traído hasta los espacios de acompañamiento que ves hoy aquí empezó mucho antes de que naciera Matrona Namasté.
Durante años he acompañado a mujeres en su salud femenina y, especialmente, en embarazo, parto y posparto, tanto en consulta como en paritorio.
Y si hay algo que he podido observar una y otra vez es esto:
Muchas mujeres llegan a esta etapa llenas de información…
pero profundamente desconectadas de sí mismas.
Del cuerpo, sí.
Pero también de sus emociones, de su intuición y de la confianza en el proceso.
Miedo.
Dudas.
La sensación constante de no saber si lo estarán haciendo bien.
Y, sin embargo, el embarazo y el nacimiento no son solo procesos médicos.
Son procesos profundamente inscritos en nuestra fisiología femenina…
pero también en nuestra historia emocional, en nuestro sistema nervioso y en las creencias que hemos aprendido sobre nuestro cuerpo y la maternidad.
Por eso sentí que mi trabajo como matrona tenía que ir más allá de la consulta.
Necesitaba crear espacios diferentes.
Espacios donde comprender lo que ocurre en el embarazo no solo a nivel físico, sino también emocional y mental.
Espacios donde poder mirar nuestras creencias, regular el sistema nervioso y volver a conectar con la confianza.
Así nació Matrona Namasté.
Mi propio camino también forma parte de esta historia.
Hubo un momento en el que mi cuerpo me obligó a parar.
Un proceso de salud que me llevó a replantearme muchas cosas y, sobre todo, a empezar a relacionarme de otra manera conmigo misma.
También atravesé mi propio camino de infertilidad.
Y quien ha pasado por ahí sabe que no es solo un proceso físico.
Es un lugar lleno de preguntas, de espera… y muchas veces también de dudas sobre una misma.
Fue también un tiempo de mirar muy profundo.
De revisar creencias.
De observar patrones que habitaban en mí muchas veces de forma inconsciente.
De transformar hábitos, ritmos de vida y la forma en la que me relacionaba conmigo misma.
Un proceso que cambió muchas cosas: en cómo vivía, en cómo pensaba, en cómo me cuidaba.
Y entonces, cuando menos lo esperaba… llegó el embarazo.
Y no uno, sino un embarazo gemelar.
De pronto la vida volvía a invitarme a confiar.
Confiar en mi cuerpo.
Confiar en el proceso.
Confiar en la vida que estaba creciendo dentro de mí.
Incluso en medio del ruido que muchas veces rodea a una gestación catalogada como “de alto riesgo”.
Y ahí entendí algo todavía con más claridad.
El embarazo no es una enfermedad.
Y tampoco puede reducirse únicamente a una etiqueta de “alto” o “bajo riesgo”.
Es un proceso profundamente inscrito en nuestra fisiología femenina.
Pero no basta solo con consultas ginecológicas y ecografías.
Ni siquiera basta con pensar en positivo o repetir el mantra “confía”.
La confianza de la que yo hablo nace de otro lugar.
Nace de un camino.
Un camino de escucha del cuerpo.
De mirar nuestras emociones.
De revisar creencias profundas.
De observar aquello que habita en nuestro inconsciente.
De transformar hábitos, ritmos de vida y la forma en la que nos relacionamos con nosotras mismas.
Porque confiar no es algo que podamos imponer desde la mente.
Es algo que se construye.
Y para eso no podemos atender solo a la parte médica.
Hay una parte todavía más grande de este proceso que el sistema olvida una y otra vez:
la dimensión emocional, mental y profunda de lo que significa gestar, parir y convertirse en madre.
Y tenemos derecho a recordarlo.
El embarazo y el nacimiento forman parte de algo todavía más profundo:
nuestra sexualidad femenina.
La conexión entre el útero y el corazón.
Entre el cuerpo que gesta y la vida emocional que acompaña ese proceso.
Cuando esa conexión se comprende y se sostiene… todo cambia.
El embarazo se vive de otra manera.
El parto se atraviesa desde un lugar diferente.
Y el posparto —esa etapa de enorme vulnerabilidad que muchas mujeres viven en soledad— deja de sentirse como algo que hay que atravesar sola.
Porque el nacimiento de un bebé también es el nacimiento de una madre.
Y ese proceso merece comprensión, sostén y comunidad.
Los espacios que hoy ves aquí nacen de esa unión:
Mi experiencia acompañando nacimientos como matrona.
Y mi propio camino personal como mujer.
Un acompañamiento que integra diferentes dimensiones de este proceso:
– conocimiento científico sobre embarazo y nacimiento
– movimiento y trabajo corporal
– trabajo somático y regulación del sistema nervioso
– comprensión de las emociones
– revisión de creencias y patrones profundos
– conexión con el bebé y con una misma
– comunidad entre mujeres
Porque el embarazo y la maternidad no son solo eventos médicos.
Son experiencias profundamente transformadoras.
Y cuando una mujer comprende lo que está ocurriendo en su cuerpo, regula su sistema nervioso y se siente acompañada… algo cambia.
El embarazo se vive con más calma.
El parto con más confianza.
Y la maternidad con una base mucho más sólida.
Quizás estás embarazada.
Quizás estás atravesando tu posparto.
O quizás simplemente sientes que quieres vivir tu maternidad —o tu relación contigo misma— de una forma más consciente.
Sea cual sea tu momento, aquí encontrarás un espacio para hacerlo con más comprensión, más calma… y también más acompañada.
Porque la maternidad nunca fue pensada para vivirse sola.
Acompañando a tantas mujeres —y viviendo también mi propia historia— entendí algo muy profundo:
El embarazo, el parto y la maternidad no son solo eventos médicos.
Son procesos profundamente inscritos en nuestra fisiología femenina.
Y tenemos derecho a recordarlo.
Por eso hoy mi misión es acompañar a las mujeres a recuperar la sabiduría de sus propios procesos vitales.
Mi forma de acompañar nace de la unión entre la experiencia clínica como matrona, el trabajo corporal y una mirada más amplia sobre la salud femenina.
A lo largo de los años he buscado integrar diferentes disciplinas que me permiten acompañar el embarazo, el nacimiento y la maternidad desde una perspectiva más completa: cuerpo, mente, emociones y sistema nervioso.
Formación en Tao femenino: Formación Útero-Corazón – Escuela de Mujeres
A lo largo de los años también me he formado en diferentes áreas que hoy forman parte de mi mirada sobre la salud femenina:
ginecología natural, ciclicidad femenina, sistema nervioso, breathwork, movimiento somático, microbiota, regulación circadiana, micronutrición y salud ambiental.
Sigo aprendiendo constantemente.
orque acompañar a las mujeres en procesos tan importantes como el embarazo, el nacimiento y la maternidad requiere escucha, estudio y una mirada siempre abierta.